lunes, 4 de enero de 2010

Los ultimos dias de Vicente Cau Cau, el nino lobo chileno

Los ultimos dias de Vicente Cau Cau, el nino lobo chileno

POR CLAUDIO PIZARRO

Era invierno del año 48. Algo extraño merodeaba en los potreros aledaños a Puerto Varas. Los lugareños pensaban que se trataba de una manada de pumas hambrientos que saqueaba sus gallineros y despensas. Carabineros recorrió la zona hasta encontrar, oculto en unos matorrales, al supuesto responsable de los robos. Se trataba de un niño de 10 años, cubierto de vellos y que caminaba en cuatro patas. Fue el tercer caso de niño-lobo en el mundo. En octubre pasado murió a los 74 años. Esta es su increíble y singular historia.
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Camina lentamente rumbo al cementerio de Puchuncaví. Cada cierto tiempo se detiene en una tumba, respira hondo, y luego vuelve a caminar. Ya no es el mismo de antes. Vicente Caucau ahora es un hombre viejo. Acaba de cumplir 74 años, está medio sordo y cojea producto de un quiste recién extirpado. Es invierno de este año y está a punto de morir. Lo presiente.

Hace algunos días atrás se tiró al suelo y se hizo el muerto. La familia Caballería Rodríguez, con quien vive hace largos años, corrió de inmediato a socorrerlo. Caucau, luego de los falsos espasmos, se incorporó riéndose a carcajadas. Todo el mundo celebró su gracia y coronó su actuación con un enorme vaso de Coca-Cola. Mientras se empinaba la bebida masculló entredientes: "Vicente va a morir. Todos lloran a Vicente". La frase quedó suspendida en el aire como una premonición macabra. Nadie en el hogar se atrevió a comentar nada.

Pero Vicente estaba seguro de lo que decía. Tan convencido estaba que, aquella vez que acudió al cementerio, se recostó sobre la tumba de la familia y empezó a revolcarse de un extremo a otro, midiendo cada centímetro del nicho con su cuerpo. Desde entonces no le quedó ninguna duda. En el sepulcro había suficiente espacio para contener sus huesos. Cuando llegó a la casa, todavía empolvado, le dijo a la familia que aquella sería su última morada. Y así fue. Pocos días más tarde Vicente Caucau, el niño-lobo de los bosques australes, el mismo que sobrevivió durante años en el más completo abandono, murió de un infarto al corazón. Fue el treinta de octubre pasado. La tumba ya estaba probada.

EL IMBUNCHE

El rumor decía que algo extraño merodeaba en los potreros. La gente, imbuida por quien sabe qué creencias, comentaba que se trataba de un monstruo fabuloso. Un imbunche, quizá. Más de alguno aseguró verlo arrastarse en cuatro patas y desaparecer rápidamente en la oscura noche. Los lugareños, cada mañana, notaban la ausencia de huevos y gallinas. También descubrían marcas en las ubres de las vacas producto de una desesperada succión. Pero lo más curioso era que el animal, según ellos, atacaba las despensas robando queso y azúcar. Un acto bastante inusual en pumas hambrientos.

Hastiados del despojo los vecinos acudieron al retén de Río Pescado, al noroeste de Puerto Varas, a estampar una denuncia. Fue el 10 de agosto de 1948.

El cabo José Fuentealba Solís encabezó la búsqueda. Tras varias horas internados en el bosque, aledaño al lago Llanquihue, los policías vieron agitarse entre los matorrales a un extraño ser. Los perros se encargaron de rodearlo y, tras una breve escaramuza, los funcionarios redujeron a la supuesta bestia. Para asombro de todos, se trataba de un niño de alrededor de 10 años que caminaba en cuatro patas y que tenía el cuerpo cubierto de vellos. El pequeño los miraba apegado al suelo, con los ojos emblanquecidos, mientras gruñía salvajemente. Fue tan desesperada su lucha que mordió a un carabinero y rasguñó a otro. Luego de un largo forcejeo fue sometido, amarrado y trasladado al retén. Dos días más tarde lo derivaron a la cárcel pública de Puerto Varas. En un descuido de sus celadores el niño huyó nuevamente al bosque. Horas más tarde fue encontrado por el cabo Fuentealba quien comentó que lo pilló comiendo "desaforadamente un salmón en el río Tepu".

Hasta esa fecha existían sólo dos casos parecidos en el mundo. Uno de ellos en Francia, cuya historia fue llevada al cine por Francois Trouffaut, y otro en la India. La prensa rápidamente lo bautizó como el pequeño Tarzán chileno debido a su impresionante contextura física. Nadie podía entender cómo un niño había sobrevivido en semejantes condiciones. Se elucubraron teorías. Que fue amamantado por un puma. Que subsistió a punta de raíces, frutas y carroña, y que estuvo así durante cuatro largos años. En su breve estadía en la cárcel ninguna familia lo reclamó. Lo único que atinó a pronunciar, de manera balbuceante, fue la palabra Caucau. Luego de siete días de confinamiento fue trasladado a un hospicio en Santiago para practicarle exámenes. Su llegada a la capital marcó un particular hito en su vida: Caucau comió porotos calientes y se enfermó. Fue el primer paso de un largo tránsito entre la barbarie y la civilización.

¡ARRANCA, AMARILLO!

El hospicio donde llegó, ubicado en la comuna de Recoleta, pertenecía a una orden religiosa. De inmediato las monjas, ávidas de cristianizar al salvaje, bautizaron al niño con el nombre de Vicente Enrique de la Purísima. Acto seguido rasuraron su cuerpo eliminando todo rastro de vellosidad.. El psiquiatra Armando Roa junto a su colega Gustavo Vila se hicieron cargo del caso. Luego de variados estudios concluyeron que el niño no padecía ningún trastorno de tipo oligofrénico y llegaron a la conclusión que, la extraña forma de su cráneo, abultado en el lóbulo frontal, era producto de un fórceps mal hecho al momento de nacer. Las callosidades y cicatrices de su piel denotaban una vida salvaje de naturaleza arbórea. Su edad mental, aseguraron los especialistas, no superaba los ocho años.

Pese a sus evidentes limitaciones las religiosas comenzaron a enseñarle algunas palabras. Sin demasiado esfuerzo aprendió a reconocer los colores. El azul del cielo, el verde de los árboles y el amarillo de los canarios, aves que las monjas mantenían encerradas en una jaula.

Caucau fue progresando lentamente. Sus hábitos alimenticios cambiaron de manera drástica al igual que la forma de ingerir los alimentos. Ya no usaba las manos para comer y se acostumbró a utilizar cubiertos. Pero pese a los esfuerzos de las religiosas, su naturaleza salvaje volvía a emerger. Esporádicamente, en las noches de luna llena, Caucau deleitaba a los orates con estridentes aullidos. Cristián Vila, hijo del siquiatra que lo atendió y quien luego escribió un libro sobre la vida de Vicente, cuenta que "los aullidos contagiaban a todos los perros del barrio"..

De su estadía en la institución de beneficencia, Vila rescató algunas historias contadas por su padre. Una vez, relata el escritor, Caucau decidió liberar a los canarios de su jaula.

-Seguramente extrapoló su breve estadía en la cárcel con el encierro de los pájaros -argumenta Vila.
Fue así como el inocente niño, acostumbrado a vivir en la libertad más absoluta, abrió la puerta de la jaula y gritó: "¡arranca, amarillo!, ¡arranca, amarillo!". El doctor jefe del hospicio se ofuscó. No en vano el chico estaba ahí para asimilar normas. Caucau, al percibir el enojo del facultativo, musitó en voz baja: "¡malo, Vicente!, ¡malo Vicente!" pero, a continuación, se mató de la risa.

Las monjas comenzaron a encargarle algunas labores domésticas, entre ellas, regar el jardín. Vicente se sentía feliz y lentamente evidenció algunos progresos. Pasó de una postura cuadrúpeda a un andar encorvado de aire patuleco. Sus pupilas se centraron nuevamente y en su mirada, acostumbrada a mirar el cielo, ya no predominaba el blanco del globo ocular.

Los avances del niño fueron minuciosamente detallados por el doctor Vila quien, luego de dos años de estudio, decidió derivar a Vicente a un especialista en lenguaje.

-Mi papá de inmediato pensó en mi tía Berta, profesora de castellano, quien fue la que inventó el silabario Lea -cuenta Cristián Vila.

A fines de 1950 Vicente Caucau se trasladó a la casa de la mujer en Villa Alemana. Fue allí donde encontró por primera vez el afecto de una familia. Berta Riquelme, sin hijos a su haber, se transformó en su madre adoptiva.

EL CUCO

En Villa Alemana Vicente se sintió a sus anchas. El hogar de Berta era una inmensa casa quinta plagada de árboles frutales. Siempre se lo veía encaramado en un tronco. Pero no todo era diversión. Berta supo combinar el afecto maternal con una estricta disciplina pedagógica. Los avances fueron notables. En poco más de un año Vicente incrementó considerablemente su vocabulario y comenzó a dar sus primeros pasos en la lectura. Berta mantenía una bitácora donde anotaba todos los progresos del niño y detallaba aspectos de su conducta. Fue en aquellas páginas donde enumeró las increíbles capacidades de Vicente. Cristián Vila, quien tuvo acceso a los cuadernos, cuenta que a su tía le impresionaba la visión nocturna de Vicente, su descomunal fortaleza y su extraordinario olfato.

-Contaba que cuando viajaban en tren podía percibir a varios kilómetros de distancia la cercanía de un matadero -agrega Vila.

Vicente, cuando Vila apenas era un bebé, acostumbraba a pasearlo en brazos bajo el parrón. Años después jugaba a trasladarlo en una carretilla por todo el patio. "Nunca se cansaba", asegura. Pero lo que más recuerda era cuando Caucau se transformaba en el "cuco".

-Me acuerdo que estaba con mis primos y de repente aparecía detrás de unos matorrales en cuatro patas, gruñendo, y todos salíamos arrancando -rememora Vila.

Con el tiempo se acostumbró a las excentricidades de Vicente. Para él ya era normal escucharlo aullar arriba de un árbol y esperar pacientemente que todos los perros del barrio se sumaran al concierto.

-Era una huevá maravillosa -cuenta.

Pero a medida que Caucau crecía su cuerpo también iba sintiendo el rigor de los años. Incluido el despertar sexual. Vila recuerda que algunas profesoras de un colegio vecino a la casa de su tía acudían a reclamar.

-Las viejas llegaban indignadas porque este huevón, medio pícaro, pasaba por el lado y les agarraba el poto a las cabras -recuerda.

El asunto, sin embargo, no pasó a mayores. Vicente, a pesar de entrar a la adolescencia, todavía era un niño. La estabilidad emocional alcanzada con mamá Berta, como llamaba cariñosamente a la mujer que lo crió, le sirvió para desentrañar episodios ocultos de su pasado. Los recuerdos afloraron como imágenes caleidoscópicas. Caucau contó a Berta, mediante una extraña mezcla de mímica y palabras, que creció en una choza en el campo, que su madre alcohólica lo abandonó cuando niño y que su padre, también ebrio, vivía con él y otros hermanos. Cristián Vila recuerda haberlo visto teatralizar su fuga al bosque y, a través de gestos, relatar su encuentro con una puma que lo habría amamantado.

La historia finalmente fue confirmada por la prensa que, en el año 1953, logró dar con el paradero de su padre: Antolín Caucau Nempo. En la entrevista, publicada en el diario El Llanquihue, se corrobora todo lo dicho por Vicente. Su padre, empleado en el fundo de Alfonso Kuschel, ubicado en los faldeos del volcán Osorno, cuenta que el niño nació medio enfermo y que siempre se arrancaba de la casa. Cuando el periodista le consultó qué pensaba de su hijo, Antolín respondió: "Yo no pensaba na pos, creímos que se había perdido nomás, qué podría estar muerto en el bosque o que se lo habían comido los animales". El padre aseguró, además, que el niño se había extraviado sólo unos meses antes de su hallazgo. Tiempo insuficiente, aseguraron los especialistas, para que le creciera tal cantidad de vellos y caminara en cuatro patas. Lo más probable, sugirieron, es que el niño habría permanecido en la selva por un periodo más prolongado. Vila cree que fue un lapso de entre dos y cuatro años.

Vicente, sin embargo, ni siquiera se enteró de los comentarios de su progenitor. No le interesaba. Ahora pertenecía a un hogar donde se preocupaban de él y vivía sin mayores sobresaltos. Aunque no por mucho tiempo. Poco antes de que cumpliera los 21 años Berta Riquelme, su madre adoptiva, murió de una insuficiencia respiratoria. Fue un golpe duro. A tanto llegó la amargura de Vicente que todos los días acudía al cementerio a regar su tumba. Todavía no entendía el significado de la muerte. Pensaba ingenuamente que el agua podía resucitar el cuerpo de mamá Berta.

EL EXTRATERRESTRE

Pocos días después de la muerte de Berta, Vicente se fue a vivir a la casa de los Vila en Ñuñoa. En la vieja casona de calle Villanueva se dedicó a tareas menores como comprar el pan, ir a la feria y cuidar el jardín. "No le gustaba estar de ocioso", recuerda Cristián Vila, quien por entonces tenía apenas nueve años. Vila cuenta que en aquel tiempo acudía con Vicente al cine. Era la época de los famosos rotativos.

-Me acuerdo que una vez fuimos a ver Batman y Vicente se cagaba de la risa cada vez que aparecía el pingüino. Decía mira pato, cuac, cuac -recuerda Vila.

Juntos vieron, además, el Llanero Solitario y El Padrecito de Cantinflas. Eran pequeños momentos de diversión que contrastaban con las largas horas de melancolía por las que atravesaba Vicente. Cuando lo agarraba la nostalgia partía al zoológico del Cerro San Cristóbal. A su regreso imitaba a sus animales favoritos. Le encantaban los chimpancés y tenía una predilección especial por los pumas.

-Quién sabe qué rollos se pasaba -cuenta Vila.

Los fines de semana se arrancaba al centro de Santiago y se pasaba toda la tarde vitrineando. Cuando llegaba a la casa le preguntaban qué había hecho y contestaba: "Mirando, mirando, Vicente".
Precisamente esa capacidad de observación era lo que llamaba profundamente la atención de la gente. Podía estar tardes enteras pegado en cosas sencillísimas: un árbol, un cerro o una nube. Los amigos de Vila fantaseaban que Vicente era un extraterrestre disfrazado de niño-lobo.

Pese a su infinita ternura, Caucau también tenía su carácter. Cuando algo le parecía mal amenazaba con marcharse y decía "para sur Vicente". A mediados del año 64 cumplió su palabra. Calladito en la mañana agarró un tren y partió sin avisarle a nadie.

-Quedamos súper preocupados, pusimos aviso en las radios pero finalmente lo encontraron en Puerto Varas, como a los cuatro días, y lo mandaron de vuelta en avión -cuenta Vila.

En el mismo vuelo de regreso venía el entonces candidato presidencial Julio Durán.

-Todos los periodistas se fueron a entrevistarlo hasta que vieron que venía Vicente y partieron a hablar con él. Por culpa de Vicente la gira al sur de Durán pasó sin pena ni gloria -recuerda Cristián Vila.

Siempre le gustó viajar. Especialmente a la playa durante los veraneos de la familia en Horcón. La primera vez que visitó el lugar partió de inmediato a bañarse. Todo el mundo se preocupó porque pensaban que se podía ahogar pero Caucau impresionó a todos con un inusual estilo de nado.

-Se ponía de espalda, con las patitas para afuera, y con las dos manitos aleteaba. Pasaba toda la tarde metido en el agua -recuerda el pescador y escritor Omar Valdivieso.

Sus andanzas en la caleta todavía se recuerdan. No son pocos los que aseguran haberlo visto aullar en las noches.

-Los niños le teníamos miedo porque pensábamos que era un hombre lobo de verdad -recuerda Mauricio, otro pescador de la caleta.

El mito de Vicente Caucau, el niño lobo, encontró tierra fértil en un poblado plagado de leyendas que hablaban de jinetes descabezados, mastines enormes y diabólicos personajes que aparecían en el bosque. "Horcón le devolvió a Caucau su verdadera aura mítica", reflexiona Omar Valdivieso.

Pero la gente al principio lo miraba con recelo.

-Cuando pasaba por al lado de uno teníamos que abrirle espacio porque te miraba como un animal o un perro cuando quiere atacar -cuenta Eusebio Pizarro. El mismo pescador reconoce que cuando alguien le hacía una broma tenía "reacciones fuertes".

-Lo raro es que se atacaba él mismo, se rompía la ropa y se enterraba las uñas, parecía el hombre increíble. La gente se asustaba pero después uno le decía que era Vicente Caucau, el hombre animal que lo encontraron en la selva y ahí se tranquilizaban -recuerda Pizarro.

Poco a poco, asegura el pescador, Vicente se fue normalizando y ganando el cariño de la gente. Tanto se acostumbró a la caleta que, tras la muerte del doctor Vila, lo primero que hizo fue agarrar sus pilchas y marcharse a Horcón.

EL "CACHITO"

Llegó al balneario de punta en blanco. Con unas enormes maletas y bien terneado. No tenía donde quedarse. Primero pasó a un local pero, tras la desconocida, se pasó al boliche del frente, al negocio de Irma y Marco.

-Le dijimos "hola Caucau" y nos contó que se había muerto el doctor Vila. Le dimos unos panes, un tecito y se quedó toda la tarde. Cuando llegó la noche todavía estaba ahí así que le dije a mi señora: "¿qué hacemos con el cachito?" -cuenta Marco Caballería.

Irma lo miró con ternura y se le ablandó el corazón.

-Llevémoslo a Campiche -dijo.

La primera noche el matrimonio escondió a Vicente en la casa de la mamá de Irma ubicada en un poblado cercano a Horcón. Al tercer día la mujer se enteró pero, tras la insistencia del matrimonio, terminó aceptándolo.

Vicente empezó a ayudar en diversas tareas: trapeaba el piso, iba al banco y todas las tardes llevaba el pan desde Campiche a Horcón. Los choferes de las micros lo conocían. La mayoría de las veces se subía y decía: "Irma paga, Vicente no". Después los conductores pasaban a cobrar al negocio.

De vez en cuando también le venían sus rabietas. Marco recuerda que se tiraba al medio de la calle y no dejaba pasar los autos.

-Hacía los medios show, se rompía la ropa, pasábamos las mansas rabias pero puta, que nos cagábamos de la risa, era un plato -rememora.

A veces, para molestarlo, Caballería le decía que no había almuerzo. Vicente, inquieto, se miraba el estómago y decía: "guata seca, nooo". A tanto llegó su enojo por las constantes bromas de Marco que elaboró un plan para desquitarse.

-El perla fue a la comisaría de Ventanas a acusarme a los pacos de que no le daba comida -cuenta Caballería muerto de la risa.

Para la familia Vicente se transformó en un miembro especial. Todos lo adoraban. Especialmente el pequeño Álvaro, hijo del matrimonio, que practicamente se crió a su lado. Pero una situación particular los separaría por un tiempo.

En el año 2000 un programa de televisión, que ya había contado la historia de Caucau en el año 93, llegó a la zona con el objeto de reeditar el trabajo. Vicente apareció nuevamente en televisión y, al cabo de unos meses, un hermano suyo llegó a reclamarlo a Horcón.

-Dijo que había que cuidarlo, yo lo encontré medio oportunista y se lo dije carepalo, al final se lo llevó y Vicente no apareció más durante un buen tiempo -cuenta Cristián Vila.

Sólo cuatro años después volvieron a tener noticias de Caucau. Otra hermana llamó del sur diciendo que Alfonso, el hermano que se lo llevó, había muerto y que Vicente estaba hace dos meses con ella en el sur.

-Me dijo que pasaba todo el día llorando y que la casa de ella era muy chica -recuerda Cristián Vila.
El escritor le pidió a la mujer si podía conversar con Vicente. Lo primero que le dijo fue "ven a buscarme". Vila casi rompe en llanto y de inmediato le ordenó que se viniera. Dos días más tarde Vicente regresó a Campiche. Irma y Marco nuevamente lo acogieron y Cristián Vila le organizó un asado de bienvenida en su casa. El regreso, esta vez, sería para siempre. Vicente ya tenía más de 70 años y su salud empezó a decaer. Durante el último tiempo tuvo problemas a la presión, continuos dólores de estómago y dolencias en el pecho. Pero pese a sus achaques celebró su último cumpleaños como Dios manda. La familia Caballería Rodríguez, al igual que otras veces, invitó a todos los niños del barrio. Vicente estaba feliz y jugó con cada uno de ellos. Era el más niño entre los niños. Un anciano de ocho años a punto de morir. El 30 de octubre de este año, a las dos y media de la tarde, dejó de respirar en el baño de la casa. Fue el último suspiro del hombre lobo.


 
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sábado, 2 de enero de 2010

Podemos cambiar después de los 30 años/ Fuente La Tercera



La mejor noticia del año: podemos cambiar nuestra personalidad después de los 30 años

Durante muchos años, la idea de que la personalidad terminaba de formarse a los 30 años y que en adelante nada podía hacernos cambiar dominó a la sicología. Sin embargo, recientes estudios han demostrado todo lo contrario.

por Sebastián Urbina - 02/01/2010 - 09:42
Soy como soy, les guste o no. ¿Cuántas veces ha repetido esta frase ante las críticas de alguien o, incluso, ante usted mismo para justificar sus errores? Durante años, la sicología le ha dado la razón. Porque los estudios sobre el comportamiento humano, hasta hace poco, se manejaban con la teoría de que nuestra personalidad se moldeaba hasta los 30 años.

A esa edad, nuestra forma de ser se consolida y ya no cambia. El neurótico seguirá quisquilloso y arrebatado hasta sus últimos días, y el extravertido se mantendrá locuaz y comunicativo. Es la "teoría del yeso", es decir, que a los 30 el material que da forma a lo que somos se seca, se endurece y no se modifica más.
Si usted se identifica con este credo que considera a nuestra personalidad como algo rígido, similar a un destino ineludible, entonces es el momento de revisarlo. La sicología actual ha dado un giro histórico en este tema, y hoy afirma que la personalidad no es algo fijo, sino que se puede cambiar a voluntad pero, antes, necesitamos rectificar algunas creencias que actúan como freno a cualquier intento por mejorar nuestras vidas.
Esta modificación radical de la sicología es comparable a lo que sucedió con el estudio del cerebro. Hasta los años 90 se pensaba que nacíamos con una cierta cantidad de neuronas, las que se iban muriendo a lo largo de nuestra vida, sin posibilidad de recuperarse. Ahora sabemos que estas células nerviosas se siguen reproduciendo hasta que somos viejos, y que sus conexiones se modifican, según lo que aprendemos día a día, algo que se conoce como plasticidad cerebral.

Pero fue en el año 2003 cuando se produjo la primera sospecha de que la personalidad puede cambiar. Y no sólo en las primeras décadas de la vida, sino también en la adultez e, incluso, en la vejez.
Fue el equipo de investigadores de la Universidad de Berkeley, liderado por el doctor Sanjay Srivastava, quien despertó esta sospecha, tras analizar a más de 132 mil adultos con edades entre 21 y 60 años, 54% de ellos mujeres.
Este experto analizó en su estudio los cinco grandes rasgos que componen, en diferente proporción, la personalidad de cada cual. Se trata de: amabilidad, responsabilidad, neuroticismo, apertura y extraversión.

Sí cambiamos

El trabajo de Srivastava, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, reveló que después de los 30 años, las personas siguen presentando cambios en estos rasgos.

Por ejemplo, vio que la responsabilidad aumenta a lo largo de la vida -hasta los 60 años- con su mayor incremento entre los 20 y los 30 años. Este rasgo hace que las personas sean organizadas, planificadas y disciplinadas, lo que se vincula con los compromisos laborales y el desempeño en el trabajo.

La amabilidad, en tanto, aumenta con mayor fuerza en los 30 y los 55 años, lo que desmiente con firmeza la teoría de que la personalidad permanece igual. Este rasgo define a la persona como cálida, generosa y servicial, lo que se vincula a las relaciones interpersonales y a las conductas de cooperación.

El neuroticismo es el rasgo que tiene una mayor diferencia de género. En el hombre casi no hay cambio después de los 30, es decir, se mantiene igual desde los 20 años. Pero en la mujer, este rasgo se reduce en forma marcada y consistente hasta los 60. Este rasgo define a las personas que son en extremo preocupadas y emocionalmente inestables, lo que se asocia con depresión y otros problemas de salud mental.

La apertura a nuevas experiencias, por su parte, muestra un leve incremento antes de los 30 años, en ambos sexos. Después de esa edad, se registran pequeñas declinaciones, tanto en hombres como en mujeres. Y por último, la extraversión que se vincula a sociabilidad y locuacidad se reduce con los años en las mujeres, aunque no de manera importante. En los hombres casi no cambia.

Toda esta evidencia representa un desmentido radical a la teoría de que la personalidad no se modifica después de los 30 años.

"Estos rasgos siguen cambiando sistemáticamente a través de la vida, algunos incluso en forma más acentuada después de los 30. El aumento de la responsabilidad y de la amabilidad y la reducción del neuroticismo cuando adulto, parecen ser un indicador de mayor madurez y de mejor adaptación", dice Srivastava.

Creer que se puede

Para la sicóloga de la U. de Stanford, Carol Dweck, la mejor forma de modificar nuestros rasgos de personalidad es cambiando nuestras creencias acerca de otros rasgos que nos identifican, como son la inteligencia y el talento. Estas dos capacidades también se consideraban como algo con que nacíamos y se mantenía igual toda la vida. Hoy se sabe que son maleables y pueden cambiar.

Nuestra sociedad está obsesionada con la idea de que el talento y la genialidad son habilidades innatas, según Dweck. "Las personas que creen en este poder del talento tienden a no alcanzar sus potencialidades, porque están preocupadas de parecer inteligentes y no cometer errores. Pero quienes creen que los talentos pueden ser desarrollados son quienes realmente se esfuerzan, se exigen, se enfrentan a sus propios errores y aprenden de ellos", dice esta investigadora.

El año 2007 ella tomó a 400 estudiantes de quinto grado de varias escuelas en Estados Unidos. Tras responder una prueba, a la mitad se le elogió por ser realmente inteligentes al resolver bien el test, mientras que los demás fueron elogiados por su esfuerzo.

Después de esto, se les dio a elegir una  nueva tarea: una fácil de hacer, pero de la que se aprendía poco. La otra más desafiante, más interesante pero que inducía a más errores. La mayoría que fue elogiado por inteligente eligió la fácil, mientras que el 90% de los felicitados por su esfuerzo eligieron la difícil.

Así, cuando un estudiante piensa que su inteligencia es algo fijo, se conformará con menos y evitará ponerse a prueba para no equivocarse y caer en el descrédito. Pero si se convence de que no es algo fijo y que su talento se puede acrecentar con trabajo y esfuerzo, eso impacta positivamente en sus rasgos de personalidad.
Por ejemplo, estos alumnos pasan a ser más abiertos a nuevas experiencias, ya que buscan desafíos para mejorar su desempeño, aunque cometan errores. También aumentan su responsabilidad, porque dedican más horas a estudiar, al tiempo que se hacen más extravertidos, aumentando su contacto con compañeros y profesores para aclarar dudas y profundizar materias.

Otro experimento: al mismo grupo de estudiantes se le aplicó una prueba de un curso superior, en la cual les fue mal en general. Luego, se les pidió escribir en forma anónima sobre esta experiencia para otra escuela y decir su nota. El 37% de los elogiados por inteligentes mintieron sobre su nota, mientras que sólo el 13% de los esforzados hizo lo mismo.
 
La primera clave: aprender de los errores
Según Carol Dweck, estudios realizados con niños y adultos "muestran un porcentaje amplio que no puede tolerar los errores". En especial entre quienes consideran que la inteligencia no se modifica.

Esto coincide con la evidencia de la neurociencia de que el ser humano sólo acepta el conocimiento que confirma sus creencias, rechazando lo inesperado. Algo que se encuentra en nuestro cableado cerebral.

En esto participan la corteza de la cíngula anterior, grupo de neuronas que evita cometer errores y que se activa ante cualquier complicación que no habíamos considerado, tras lo cual prefiere cambiar el foco de atención a otra cosa. En ese momento, en forma casi instantánea se activa la corteza prefrontal dorsolateral, que borra la experiencia reciente, algo así como la corteza "delete". Este funcionamiento es automático, por lo que si sucede algo inesperado, lo descartamos y borramos de nuestro mapa. Como si nunca hubiera sucedido.

Así, en lugar de equivocarnos y aprender de los errores, a medida que pasan los años, dedicamos nuestros mejores esfuerzos para hacer siempre lo correcto. Cuando las cosas resultan mal, como muchas veces sucede, nos dedicamos a recriminarnos, a culpar a otros o a ocultar lo sucedido. O nos justificamos diciendo que hay otros que se equivocan aún más.

Seguimos sin aprender de nuestros errores y sólo atinamos a descartarlos, como energía y tiempo perdidos. Cuando se asumen, por el contrario, la persona los incorpora a sus habilidades y logra mejorar sus métodos y estrategias de trabajo.

Algo relevante si consideramos lo que Niels Bohr, el destacado físico danés decía: "Un experto es una persona que ha cometido todos los errores en que alguien puede incurrir, en un campo muy específico de estudio".
Lo único que debe preocuparnos, según Stanley Gully, profesor asociado de la Escuela de Administración y Relaciones Laborales de la U. de Rutgers, son los errores estúpidos. "Estos son los que se repiten una y otra vez y que reflejan que la persona no aprende".

Para Gully, cuando hay que entrenar a alguien en tareas de alta complejidad, es preferible "alentarlo a cometer errores, en lugar de enseñarle a evitarlos". Porque cuando evitamos los errores, lo que estamos haciendo es evitar el aprendizaje.





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viernes, 1 de enero de 2010

América, el continente más peligroso para los misioneros.Un ejemplo Mariono Arroyo en Cuba


América, el continente más peligroso para los misioneros
Asesinados 37 testigos del Evangelio en el mundo durante 2009
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 1 de enero de 2010 (ZENIT.org).- En 2009 han sido asesinados 37 testigos del Evangelio, según el informe anual publicado por Fides. La mayor parte han sido asesinados en América.
La agencia dependiente de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos aclara que se ha registrado la cifra más elevada en la última década.
Se trata de treinta sacerdotes, tres religiosas, dos seminaristas y tres evangelizadores laicos de dieciséis nacionalidades.
Este año, el continente en el que ha sido asesinado el mayor número de testigos del Evangelio es América, "bañada por la sangre de 23 agentes evangelizadores (18 sacerdotes, dos seminaristas, una religiosa, y dos laicos)", asesinados en Brasil, Colombia, México, Cuba, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala y Honduras, explica Fides.
Por un puñado de monedas
Entre los seis sacerdotes asesinados en Brasil, país con el mayor número de bajas misioneras, se encuentra el español Ramiro Ludeña, quien trabajaba desde hace 34 años a favor de los niños y muchachos de la calle, quien perdió la vida a manos de un joven de 15 años en un intento de robo.
El presbítero y misionero italiano Ruggero Ruvoletto fue asesinado en su parroquia, en la que robaron 50 reales (unos 19 euros).
El padre Evaldo Martiol fue asesinado por dos jóvenes durante un robo que acabó en homicidio.
"Su método de evangelización era la amistad", afirmó el obispo durante los funerales del padre Gisley Azevedo Gomes, CSS, asesor de la sección para la juventud de la Conferencia de Obispos Católicos de Brasil, asesinado por varios jóvenes, durante un robo.
En Colombia, en último año, han sido asesinados cinco sacerdotes y un laico, convirtiéndose en el segundo país con el mayor número de bajas misioneras. Todos los presbíteros han sido víctimas de robos que acabaron mal.
Entre ellos se encuentran los dos sacerdotes redentoristas Gabriel Fernando Montoya Tamayo y Jesús Ariel Jiménez, asesinados por un hombre que entró en su casa buscando dinero.
El cuerpo sin vida del padre Óscar Danilo Cardozo Ossa apareció sin vida en su casa parroquial. En el lugar de los hechos aparecieron cuerdas y una mordaza.
También fue asesinado en su casa, en la noche, el padre Emiro Jaramillo Cardenas, mientras que el padre Juan Gonzalo Aristizabal Isaza, apareció muerto en su automóvil, abandonado en una carretera.
A ellos se añade el laico Jorge Humberto Echeverri Garro, profesor de catequesis, comprometido en la pastoral social por la paz y la convivencia, asesinado por un grupo de guerrilleros en una reunión sobre proyectos de la Iglesia.
En México fueron asesinados en el último año un sacerdote y dos seminaristas que se dirigían a una reunión de pastoral vocacional en automóvil. Sus asesinos les obligaron a bajar del coche y les dispararon con armas de fuego.
Particular conmoción suscitó en el orbe católico la muerte, en Cuba, de dos sacerdotes españoles: Eduardo de la Fuente Serrano, asesinado en una calle en las afueras de La Habana, y Mariano Arroyo Merino, a quien le quitaron la vida en su parroquia. Su cuerpo había sido atado, amordazado y parcialmente quemado.
Dos de las víctimas fallecieron en El Salvador. El cuerpo sin vida del redentorista salvadoreño Leopoldo Cruz apareció días después de su desaparición en un canal de una zona rural de San Salvador.
La otra víctima de ese país es el joven William Quijano, de la Comunidad de San Egidio, asesinado por una de las numerosas bandas (o maras) organizadas que reclutan a jóvenes pobres de las grandes ciudades de América Central. Desde hace cinco años, William trabajaba en la Escuela de la Paz, creada para los niños pobres del barrio de Apopa, en los suburbios de la capital.
La única religiosa asesinada en el continente ha sido Marguerite Bartz, de las Hermanas del Santísimo Sacramento, asesinada en su convento de Saint Berard, en la zona de indios Navajo, en Nuevo México (Estados Unidos). Era conocida por su pasión en la promoción de la justicia y la paz..
También en los Estados Unidos fue asesinado el padre Ed Hinds, párroco de la iglesia de san Patricio en Chatham, Nueva Jersey, cuyo cuerpo sin vida apareció en la casa parroquial, cubierto de golpes y heridas de arma blanca.
En Guatemala encontró la muerte el padre Lorenzo Rosebaugh, de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, víctima de un asalto de dos hombres armados en una carretera rural, mientras se dirigía a una reunión pastoral junto a otros sacerdotes.
Por último, perdió la vida en una provincia oriental de Guatemala el sacerdote capuchino guatemalteco, el padre Miguel Ángel Hernández, quien era desde hace cuatro años responsable en una parroquia de Ocotepeque (Honduras), secuestrado días antes.
El recuerdo, un deber de gratitud
El otro continente en el que más vidas de evangelizadores se han segado ha sido África: nueve sacerdotes, una religiosa y un laico; seguido de Asia, con dos sacerdotes asesinados; y de Europa, con una víctima en Francia.
Citando a Benedicto XVI Fides señala que recordar a estos misioneros "es un deber de gratitud para toda la Iglesia y un estímulo para cada uno de nosotros a dar testimonio en modo siempre más valeroso de nuestra fe y nuestra esperanza en Aquel que sobre la Cruz venció para siempre el poder del odio y de la violencia con la omnipotencia de su amor.

La agencia destaca que a la lista de estos nombres deben añadirse los aquellos de quienes tal vez no se tendrá noticia, y que en cada rincón del planeta sufren y pagan inclusive con la vida la propia fe en Cristo.

 

 



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martes, 29 de diciembre de 2009

LOs diaguitas de Huasco Alto


Portada Anterior Siguiente Índice | 5. Los Diaguitas del huascoalto

Los Diaguitas del huascoalto


"...Ya entre las montañas, en una grieta continental permanece de los tiempos precolombinos el reducto indio Guasco Alto, cuyos habitantes conservan el color y las facciones de los americanos primitivos, aunque olvidaron ya el idioma y las costumbres antiguas..."[51].

5.1. Los Diaguitas del Valle del Huasco

Las tierras diaguitas en el valle del Huasco, no estuvieron exentas de conflictos durante la colonia, puesto que en varias ocasiones debieron defender sus dominios territoriales del interés de los invasores por utilizar sus tierras. A mediados del siglo XVIII, los representantes del poder colonial trataron de establecer villas y asentamientos de población española, disponiendo para ello de las tierras diaguitas intentando relocalizar a los indígenas en el pueblo de indios de Paitanas, ubicado en el curso medio del río Huasco, sin respetar la propiedad indígena constituida sobre la base de la legislación colonial. Fue así como los diaguitas del Pueblo de Indios de Huasco Bajo, enfrentaron los designios del corregidor general Antonio Martín de Apeolaza que ordenó la fundación de la villa de Huasco Bajo y de la parroquia de Santa Rosa del Huasco, instruyendo que los diaguitas debían agregarse al pueblo de indios de Paitanas, que implicaba su traslado y pérdida de las tierras. Los diaguitas se opusieron a los intentos de corregidor e iniciaron un juicio en 1755. Los españoles trataron de demostrar que la fundación de la villa no perjudicaba las tierras de los diaguitas, planteando que sus tierras alcanzaban las 600 cuadras -936 hectáreas- y que a la fecha en el pueblo de Huasco Bajo existían 60 tributarios y 12 reservados. Los alegatos y defensas de las tierras exigidas por los diaguitas, no fueron escuchadas por las autoridades hispanas y el Fiscal de la Audiencia José Perfecto Salas no dio crédito a los alegatos indígenas, para autorizar la fundación de la Villa: "(...) ni ay indios ni ay nada recio, que todas son quimeras, que sobran tierras para esta Villa y para otras muchas como sucede en todo el reino que faltan pobladores..."[52].

La extensión de las tierras de los indígenas del Valle del Huasco durante la colonia, se ubicaba en tres asentamientos a lo largo del valle, uno cercano a la costa, otro en el sector centro y otro en la cordillera, los que se denominaban Huasco Bajo, Paitanas (-Vallenar- y Huasco Alto, respectivamente. En 1789, la extensión de estos pueblos era la siguiente: Huasco Bajo tenía 280 cuadras -436,8 hectáreas-, sin embargo no se tienen más antecedentes de Paitanas y Huasco Alto, excepto que esta última "... es considerada por compuesta en más de 30 leguas hasta su confín, que es el pie de la cordillera...."[53].

La superviviencia de estos pueblos de indios se debía -entre otras razones- a la actividad económica que desarrollaban, en especial de cultivos agrícolas lo que les permitió pagar el tributo a la Corona. Los pagos de tributo de los pueblos de indios de Huasco Bajo y Huasco Alto en 1795 a 1797 eran "... en legumbres, trigo, higos y cebada". La importante actividad económica estaba asociada a la extensión de los terrenos de cordillera y de valle que poseían en el río Tránsito o río de los indios, que abarcaba desde la entrada hasta los confines del pie de la cordillera. En 1789 se señalaba por el Subdelegado de Huasco, Martín Gregorio del Villar que: "(...) la principal ocupación de los naturales es la labranza y pocos a las minas. Los que más se distinguen en este ejercicio son los de Guasco Alto pues con sus cosechas abastecen en mayor grado a este partido, vien que lo facilita también la estención de su terreno (...)"[54].

5.2. El territorio huascoaltino

En la cordillera de la III Región, provincia del Huasco, pasando el poblado de Alto del Carmen se inicia un desfiladero entre montañas que penetra aguas arriba por el río Tránsito, conocido también como río de los indios o naturales en el siglo XIX y por el nombre de Paitanasa desde tiempos precolombinos[55], lugar donde por siglos se refugió un contingente indígena del pueblo diaguita que habitaba el valle del Huasco.
Recientemente, en 1997, el Estado chileno ha reconocido la propiedad de la tierra a varias familias descendientes de los antiguos indígenas, los que después de largos años han regularizado la propiedad territorial de 395.000 hectáreas, comprendidas en tres estancias de cordillera denominadas Huascoaltinos, Chollay y Valeriano, las que poseían sus habitantes como dominio regular e inscrito desde principios de siglo[56]. Estas tierras abarcan toda la cuenca del río Tránsito y sus afluentes, el río Conay, Chollay y Valeriano, desde la zona de confluencia en el río del Carmen hasta el límite con la república de Argentina[57], que corresponde a un territorio que desde tiempos coloniales se denomina como Huascoalto y que constituyó un asentamiento pretérito de la cultura El Molle; Las Animas y reducto de indios diaguitas desde la colonia[58].

El reducto huascoaltino, formado como pueblo de indios, si bien quedó desde el inicio del período colonial segregado del valle más fértil y ancho Alto del Carmen a San Félix, mantiene en su interior pequeñas porciones de tierras que permiten la pequeña producción agrícola complementaria de la ganadería doméstica, caza y recolección. De tal manera que cuando se habla de reducto indígena, se está diciendo que no es un territorio autárquico o cerrado, sino que de acuerdo a los antecedentes documentales y testimoniales, indican que desde épocas muy tempranas este reducto indígena se ha articulado y conectado en distintas direcciones con pisos ecológicos diferentes y áreas de intercambio intra e inter-regionales, lo que explica en parte la permanencia histórica como reducto indígena. La memoria de los huascoaltinos aún recuerda los largos viajes realizados en el siglo pasado para traer ganado desde Argentina, llevar pescado seco desde Paposo, o viajar a las ferias anuales de Huari en Bolivia[59].

En efecto, se puede apreciar que las relaciones con los espacios circundantes del reducto indígena huascoaltino son múltiples: por el Norte con la cuenca formativa del río Copiapó a través del valle del río Manflas, subiendo desde el poblado Conay hasta la cabecera del río Cazadero, atravesando un portezuelo de 4.070 m.sobre el nivel del mar. Por el Este se atraviesa al Noroeste Argentino por el paso Conay que endilga por el norte hacia las provincias de Salta y Tucumán, y por el paso de Chollay que baja hacia la provincia de La Rioja y San Juan. Por el Sur, se enlaza por medio de la Quebrada de Pinte, trasponiendo la sierra de Tatul hasta el río Carmen o directamente desde el sector de la Junta, se remonta el río del Carmen hasta enlazar con la cordillera de Doña Ana que tributa a la cuenca alta del río Elqui. Y por el Oeste, se conecta con el valle del Huasco medio y bajo hasta la zona costera[60].

Las relaciones geográficas descritas, permiten suponer la importancia de este territorio para las culturas indígenas originarias -Molle, Las Animas y Diaguita- pues en los mismos lugares en torno al río Tránsito y las cuencas del Chollay y Conay donde se encuentran los asentamientos permanentes y temporales de la población actual, presentan continuidad desde tiempos precolombinos, como lo atestiguan los sitios arqueológicos denominados Pinte, asociado al complejo de la Cultura El Molle y Chanchoquín Chico, Juntas de Valeriano y Paso de la Flecha pertenecientes al Complejo Las Animas. Estos últimos sitios localizados en lugares de ocupación temporal, se encuentran muy a la cordillera en zonas utilizadas sólo en verano. La coincidencia en la continuidad de la ocupación se explica por el carácter de movilidad y las relaciones económicas de intercambio interregionales que jugaron un rol de complementariedad ecológica con los recursos existentes en el intraterritorio huascoaltino.

5.3. La descendencia Diaguita

En la actualidad la población que se identifica con el nombre de Huascoaltinos, se localiza en asentamientos tradicionales de larga data a lo largo del río Tránsito, donde se encuentran los poblados y localidades llamadas: Juntas, La Marquesa, El Olivo, Chihuinto, Las Pircas, Alto Naranjo, Los Perales, Chanchoquín, La Fragua, La Arena, La Junta de Pinte, La Pampa, Conay, San Vicente, Junta de Valeriano y Albaricoque; cada una con agrupaciones de pocas viviendas. Allí se encuentran sus moradores ancestrales, como las familias Campillay -principal linaje-, Tamblay, Eliquitay, Cayo, Pauyantay, Seriche y Liquitay[61], compartiendo con otras provenientes de Argentina desde el siglo pasado, ya sea de algún criancero-cateador que se quedó a vivir entre esos angostos valles y cerros[6].
La primera evidencia de la adscripción étnica diaguita de las familias huascoaltinas, son sus apellidos. Estos se conservan desde siglos atrás y mantienen uno de los apocope distintivo de la lengua kakán: la terminación "ay". Para Nardi[63], una de las características típicamente kakán, aunque no exclusiva de estos apellidos indígenas, es la terminación "ay", la que constituye una evidencia para la identificación de los diaguitas del noroeste argentino. Esta terminación dialectal o desinencia, también se encuentra presente en los apellidos y vocablos históricos de los primeros pobladores de los valles de Copiapó, Huasco, y Elqui y específicamente en el huasco alto[64]. Para Latcham, los apellidos de estos indígenas constituyeron una evidencia irrefutable de su pertenencia a la cultura diaguita en tiempos históricos, indicando que los apellidos encontrados en los archivos parroquiales aún son usados por sus descendientes:

"La semejanza y a menudo la identidad de los apellidos es todavía más concluyente (para denominarlos Diaguitas chilenos). Entre aquellos que se han sacado de los antiguos registros parroquiales de Copiapó, Huasco, y La Serena, hallamos muchos que son iguales a los de igual procedencia argentina. De los que todavía se usan en las provincias en cuestión, podemos citar: Albayay, Abancay, Calchin, Campillay, Caymanqui, Chanquil, Casmaquil, Chavilca, Chapilca, Chupiza, Liquitay, Pachinga, Lainacache, Payman, Quilpitay, Quismachay, Sapiain, Talmay, Talinay, Tamango, Salmaca, Chillimaco, etc." [65].

Refuerza la adscripción diaguita de los apellidos huascoaltinos, el análisis comparativo de la desinencia "ay " también encontrada en un documento referido al pueblo de Diaguitas en el valle del Elqui, donde el 16 de noviembre de 1764 el maestro de Campo Vicente Cortés, de más de 80 años de edad, nombraba a los caciques y familias cuyos apellidos son Angulay, Zaranday y Guengulay, todos habitantes de los pueblos de Tuquí, Pama, Lumí, pertenecientes al valle de Diaguitas en el Elqui[66]. Igualmente es necesario observar que el apellido Alballay o Aballay, extendido en la zona de Taltal, aparece registrado en el archivo parroquial en el año 1885. En el año 1680 aparece como don Pedro Aballay cacique y mantiene su vigencia y cargo este linaje en la zona de Malfines de Catamarca, difundiéndose después en el lado chileno.

Ricardo Latcham, aunque no nombra la terminación "ay" en su argumentación acerca de las evidencias lingüísticas kakan, que permiten llamar a los indígenas del lado chileno también como Diaguitas, sí nombra otras complementarias referidas a topónimos: "... a ambos lados de los Andes, encontramos nombres de lugares que terminan en gasta o su apócope ga, il, til, qui, quil, ama o cama, ao, ahoho, mar, alá, etc." En la zona Huasco altino, la evidencia lingüística es un elemento de importancia para el análisis comparativo de numerosos topónimos diaguitas y de otras lenguas. La terminación "ay" también se presenta en la toponimia como 'Conay' y 'Chollay' referidos a poblados, ríos y pasos cordilleranos. Otros topónimos diaguitas de este territorio son Colimay -Cerro y afluente de la quebrada Chanchoquín-, Chanchoquín -Cerro, paraje asociado a minerales-, Pachuy o Pochay -río Huascoaltino-, Tatul -cordón cordillerano- y Pinte –Quebrada-.

Las evidencias de la continuidad de los apellidos diaguitas a través de la terminación dialectal kakana "ay" en el área del Huasco, se remonta al período colonial. Así en 1535 aparece como señor del Huascoalto el cacique Mercandey (ay) y su hermano en la parte baja. En 1540, tras la muerte de los primeros, aparece el cacique Sangotay como cacique del Huasco[67]. En el siglo XVII, aparece el apellido Saguas como cacique mandón del Huasco alto y en el mismo siglo en los archivos parroquiales, se señala para el valle del Huasco los apellidos Quilpatay, Chuñe, Yallique, Cangas y Saguas.

Las noticias de Domeyko se referían a los moradores de las tierras, es decir a los antepasados directos de las actuales familias huascoaltinas. Ya a fines del siglo XIX en las parroquias de Alto del Carmen y San Félix, se registraban algunos de los apellidos diaguitas que aún se conservan y se reconocen actualmente entre los huascoaltinos, especialmente los nombrados en las escrituras notariales de principios de siglo. La continuidad pretérita se verifica en los registros de las parroquias de San Félix y Alto del Carmen, circundantes al territorio huascoaltino. En efecto, en la Parroquia del Tránsito entre los años 1887 y 1889, se anotan los siguientes apellidos: Campillai, Luincara, Lucuima, Liquitay, Cayo, Pauyanta o Payanta, Cayo, Puilpalay o Puilpatay, Bordón. Para la parroquia de Alto del Carmen en el año 1886, se encuentran los apellidos Campillai, Lucuime, Liquitai y Paquilicuime[68].

Es necesario señalar que esta continuidad territorial en el reducto diaguita huascoaltino, debe haber tenido una dinámica interna de permanencia y relevo de población indígena, debido a que siendo un lugar de tránsito interandino e incluso refugio de otras familias indígenas provenientes de otros valles, no pudo estar exenta de recibir nuevos moradores, pero siempre con el consentimiento de quienes eran los amos y señores de las tierras: los diaguitas huascoaltinos[69].


[51] Domeyko, Ignacio. Mis viajes.... Op. cit.
[52] M.M, tomo 185, N° 4177. Silva, Fernando. Tierra y Pueblos de Indios en el Reyno de Chile. Editorial Universidad Católica. Santiago. 1962. p. 154.
[53] CG, Vol. 501, N° 6395. Silva, Fernando.. Tierra y Pueblos de Indios en el Reyno de Chile. Editorial Universidad Católica. Santiago. 1962. p. 195.
[54] CG, Vol. 556, N° 6842.
[55] El topónimo es asociado por Strube probablemente a la lengua Kakán hablada por los diaguitas. Señala en su artículo: "Paitanas, cabecera del Huasco, río del Tránsito o río de los indios (ya que el río del Carmen es de los Españoles). Tiene otro topónimo afín en Catamarca (Noroeste Argentino, antiguas provincias diaguitas) donde la depresión de Paitas (...). (Strube H, León. "Toponimia de Chile Septentrional (Norte Chico y Grande)". Publicaciones del Museo y de la Sociedad de Arqueología de La Serena. Boletín Nº 10. La Serena. 1959. p. 6.

[56] Las escrituras de propiedad que avalan la superficie territorial, son las de Estancia de los Huascoaltinos adquirida por prescripción a Fojas 31 Nº 49 del Conservador de Bienes Raíces de Vallenar de 1903; Estancia Torres y Paez a Fojas 11, Nº 6 del Registro de Propiedad de 1945 y Estancia Jarillas.
[57] Ver informe preparado por la Consultora INAS, Ingenieros Asociados para el Ministerio de Bienes Nacionales, sobre análisis Jurídico y Mensuras de las Estancias de Huascoaltinos, Chollay y Valeriano. Copiapó 1996.
[58] El censo de Pueblos de Indios realizado por el Obispado de Santiago en 1795, señala la presencia de 3.306 habitantes indígenas que se reparten en los pueblos: Huasco Alto y Bajo, San Fernando de Copiapó, Choapa, Tambo, Marquesa Alta, Molle, Poya, Guamalata, Tuquín, Sotaquí y Combarbalá. (Manuscrito Sala Medina. Biblioteca Nacional, Volumen 329; ff.434-435).
[59] Manríquez, Viviana y José Luis Martínez. "Investigación Etnohistórica del Estudio Diagnóstico de la Población Colla de la III Región. (Preinforme Final)". Sur Profesionales Ltda. Departamento de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Santiago. 1995.
[60] Es necesario trabajar el tema de las conexiones territoriales diaguitas y de las culturas pretéritas, a partir de las relaciones geográficas existentes en el territorio huascoaltino. Como hipótesis, el Sr. Raúl Molina plantea que la difusión y conexiones económicas de las culturas El Molle, Las Animas y Diaguitas prehistóricas, las tuvieron en los valles cordilleranos que eran las principales zonas de comunicación e intercambio. La zona del Huasco Alto, era un área de articulación territorial, no sólo para el sector del noroeste argentino, sino también hacia las cuencas del río Copiapó y Elquí, en especial la caída desde Conay hacia el valle del río Manflas que desemboca en la Iglesia Colorada y, la llegada por el sur a la cuenca del valle del Elqui y caída a la cuenca alta del Elqui de los sitios arqueológicos y asentamientos de valles altos que, fue predominante por la disponibilidad permanente de recursos hídricos, mayor biodiversidad que el sector costero (vegetación, fauna) y microclimas favorables para las actividades de caza, recolección y agricultura.
[61] Es interesante resaltar un testimonio de los valles Calchaquí del noroeste argentino, que reconoce la vinculación ancestral de los diaguitas, porque se está en presencia de la misma familia de apellidos kakan, de los cuales emana la fuerza ancestral de apellidos terminados en la misma desinencia "ay", típicamente diaguita. Dice el investigador Augusto Cortazar: "Uno de ellos, el moto Carpanchay, cuyo solo apellido es una evocación ancestral..." (Cortazar, Augusto. El Carnaval en el Folklore Calchaquí. Editorial Sudamericana.. Buenos Aires. 1949. p.. 68).
62 En el caso del asentamiento de Valeriano, los habitantes de Huasco alto dicen que fue fundado por las familias Campillay, Villegas y Bordones... "los Bordones esos eran netos argentinos, a esos les decían los cuyanos cuando llegaron aquí", sentencia Jorge Campillay (Cassigoli, Rossana y Álvaro Rodríguez. "Investigación Antropológica del Estudio Diagnóstico de la Población Colla de la III Región. (Preinforme Final)". Sur Profesionales Ltda. Departamento de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Santiago. 1995).
Bordon es un apellido muy común entre las comunidades collas de la cordillera de Copiapó y Chañaral (Molina, Raúl y Martín Correa. "Informe sobre la ocupación territorial de las comunidades collas de Río Jorquera, Quebrada Paipote y Potrerillos". Grupo de Investigación TEPU. Santiago. (ms.). 1996. Y de los mismos autores: "Informe de solicitudes de tierras de Fondo de valles (vegas, aguadas, campos de pastoreo) para las comunidades collas Río Jorquera, Quebrada Paipote y Potrerillos. Santiago. (ms.). 1997. Y también en el Huasco, el apellido Bordon es reconocido como indio en los archivos de la parroquia del Tránsito en el año 1895. Además es necesario advertir que las migraciones argentinas se relacionaron con el auge minero de mediados del siglo XIX y que provocaron un influjo de población colla para el trabajo de arriería, cuidado de animales y abastecimiento de leña.
[63] Nardi, Ricardo. "Observaciones sobre los nombres..." Op. cit.
[64] Sayago, Carlos María. Historia de... Op. cit.
[65] Latcham, Ricardo. "Los indios antiguos..." Op. cit.: 894, 895.

[66] Téllez, Eduardo. "El Pueblo de Diaguitas". Proyecto Fondecyt Nº 193-0311. Folleto Publicado por la Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía. Universidad Católica Blas Cañas. Santiago. 1995.
[67] Bibar, Gerónimo de. Crónica y relación copiosa Op. cit. Hidalgo, Jorge. "Culturas Protohistóricas del Norte de Chile". Cuadernos de Historia Nº 1. Santiago. 1972.
[68] Manríquez, Viviana y José Luis Martínez. "Investigación etnohistórica..." Op. cit.

[69] A fines del siglo XVIII, la fuga de indios que servían en las minas de Copiapó hacia el valle del Huasco, fue una situación difícil de manejar para los mineros de Copiapó, quienes en julio de 1780 envían una representación a las autoridades hispanas para que pongan fin a las fugas de peones mineros desde los obrajes y castiguen a los que lo acogen, regulando la actividad de prestación y contrato de trabajo, advirtiendo que cesan en el pago de tributo a las arcas de la Real Hacienda. "...nos vemos obligados a representar a V.M. la dificultad de continuarlo por el desorden de los peones en quienes crece cada día la insolencia, y falta al cumplimiento de sus obligaciones". Quienes los acogen por "amistad o interés en su servicio", se ubican en el valle del Huasco, y los mineros solicitan que se debe hacer tomar razón a los tenientes de dicho lugar de las ordenanzas del Reino; "... Lo que se debe ejecutar con los que hacen fuga y pasan a otros minerales, cuya observancia importaría se mandare bajo de responsabilidad a los Tenientes del Guasco que es Asiento de la jurisdicción de V. M. a que suelen transportarse". Respecto de las penas propuestas para los infractores se hace diferencia entre indígenas (diaguitas) y españoles: "Mayor castigo merecen los que encubren a dichos peones en los ranchos y haciendas, y convendría se publicase también la Ordenanza que prohibe consentirlos por más tiempo de una hora, ni aún con título de alojamiento, mandando a V.M. que todos y cualesquiera persona inclusos los mayordomos de haciendas, y fincas tengan particular cuidado en despedirlos, y que en caso de resistirse los referidos peones, avisen prontamente a la justicia, que deberá enviarlos a la cárcel de esta villa (Copiapó), para que se les den cincuenta azotes en el Rollo, quedando sujetos a igual pena los que no cumpliesen con dicha despedida, y aviso, salvo si fuesen españoles, que se les impondrá una multa competente." (Jara, Álvaro y Sonia Pinto. Fuentes para la historia Op. cit.: 215, 216).
La ordenanza solicitada por los mineros, fue motivada por la pérdida de la escasa mano de obra indígena disponible para el trabajo minero y por los incumplimientos de contratos, prefiriéndose los indígenas arrancarse hacia lugares de faenas agrícolas y mineras ubicadas fuera del valle de Copiapó, en especial hacia el valle del Huasco. La solicitud de los mineros de Copiapó fue respondida por el Bando Dictado en La Serena el 11 de marzo de 1795, que aunque tarde dio acogida a lo solicitado en 1780.


Atte.


P.MAURICIO ARANCIBIA PORTILLA
VICARIA DE EDUCACIÓN Párroco de Santa Cruz
 MIembro Oclacc
Vallenar   DIÓCESIS DE COPIAPÓ
 CHILE
09-94080178




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viernes, 25 de diciembre de 2009

Homilia de S.S.Benedicto XVI en Navidad


Queridos hermanos y hermanas:

"Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado" (Is 9,5). Lo que, mirando desde lejos hacia el futuro, dice Isaías a Israel como consuelo en su angustia y oscuridad, el Ángel, del que emana una nube de luz, lo anuncia a los pastores como ya presente: "Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). El Señor está presente. Desde este momento, Dios es realmente un "Dios con nosotros". Ya no es el Dios lejano que, mediante la creación y a través de la conciencia, se puede intuir en cierto modo desde lejos. Él ha entrado en el mundo. Es quien está a nuestro lado. Cristo resucitado lo dijo a los suyos, nos lo dice a nosotros: "Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28,20). Por vosotros ha nacido el Salvador: lo que el Ángel anunció a los pastores, Dios nos lo vuelve a decir ahora por medio del Evangelio y de sus mensajeros. Ésta es una noticia que no puede dejarnos indiferentes. Si es verdadera, todo cambia. Si es cierta, también me afecta a mí. Y, entonces, también yo debo decir como los pastores: Vayamos, quiero ir derecho a Belén y ver la Palabra que ha sucedido allí. El Evangelio no nos narra la historia de los pastores sin motivo. Ellos nos enseñan cómo responder de manera justa al mensaje que se dirige también a nosotros. ¿Qué nos dicen, pues, estos primeros testigos de la encarnación de Dios?

Ante todo, se dice que los pastores eran personas vigilantes, y que el mensaje les pudo llegar precisamente porque estaban velando. Nosotros hemos de despertar para que nos llegue el mensaje. Hemos de convertirnos en personas realmente vigilantes. ¿Qué significa esto? La diferencia entre uno que sueña y uno que está despierto consiste ante todo en que, quien sueña, está en un mundo muy particular. Con su yo, está encerrado en este mundo del sueño que, obviamente, es solamente suyo y no lo relaciona con los otros. Despertarse significa salir de dicho mundo particular del yo y entrar en la realidad común, en la verdad, que es la única que nos une a todos. El conflicto en el mundo, la imposibilidad de conciliación recíproca, es consecuencia del estar encerrados en nuestros propios intereses y en las opiniones personales, en nuestro minúsculo mundo privado. El egoísmo, tanto del grupo como el individual, nos tiene prisionero de nuestros intereses y deseos, que contrastan con la verdad y nos dividen unos de otros. Despertad, nos dice el Evangelio. Salid fuera para entrar en la gran verdad común, en la comunión del único Dios. Así, despertarse significa desarrollar la sensibilidad para con Dios; para los signos silenciosos con los que Él quiere guiarnos; para los múltiples indicios de su presencia. Hay quien dice "no tener religiosamente oído para la música". La capacidad perceptiva para con Dios parece casi una dote para la que algunos están negados. Y, en efecto, nuestra manera de pensar y actuar, la mentalidad del mundo actual, la variedad de nuestras diversas experiencias, son capaces de reducir la sensibilidad para con Dios, de dejarnos "sin oído musical" para Él. Y, sin embargo, de modo oculto o patente, en cada alma hay un anhelo de Dios, la capacidad de encontrarlo. Para conseguir esta vigilancia, este despertar a lo esencial, roguemos por nosotros mismos y por los demás, por los que parecen "no tener este oído musical" y en los cuales, sin embargo, está vivo el deseo de que Dios se manifieste. El gran teólogo Orígenes dijo: si yo tuviera la gracia de ver como vio Pablo, podría ahora (durante la Liturgia) contemplar un gran ejército de Ángeles (cf. In Lc 23,9). En efecto, en la sagrada Liturgia, los Ángeles de Dios y los Santos nos rodean. El Señor mismo está presente entre nosotros. Señor, abre los ojos de nuestro corazón, para que estemos vigilantes y con ojo avizor, y podamos llevar así tu cercanía a los demás.

Volvamos al Evangelio de Navidad. Nos dice que los pastores, después de haber escuchado el mensaje del Ángel, se dijeron uno a otro: "Vamos derechos a Belén... Fueron corriendo" (Lc 2,15s.). Se apresuraron, dice literalmente el texto griego. Lo que se les había anunciado era tan importante que debían ir inmediatamente. En efecto, lo que se les había dicho iba mucho más allá de lo acostumbrado. Cambiaba el mundo. Ha nacido el Salvador. El Hijo de David tan esperado ha venido al mundo en su ciudad. ¿Qué podía haber de mayor importancia? Ciertamente, les impulsaba también la curiosidad, pero sobre todo la conmoción por la grandeza de lo que se les había comunicado, precisamente a ellos, los sencillos y personas aparentemente irrelevantes. Se apresuraron, sin demora alguna. En nuestra vida ordinaria las cosas no son así. La mayoría de los hombres no considera una prioridad las cosas de Dios, no les acucian de modo inmediato. Y también nosotros, como la inmensa mayoría, estamos bien dispuestos a posponerlas. Se hace ante todo lo que aquí y ahora parece urgente. En la lista de prioridades, Dios se encuentra frecuentemente casi en último lugar. Esto - se piensa - siempre se podrá hacer. Pero el Evangelio nos dice: Dios tiene la máxima prioridad. Así, pues, si algo en nuestra vida merece premura sin tardanza, es solamente la causa de Dios. Una máxima de la Regla de San Benito, reza: "No anteponer nada a la obra de Dios (es decir, al Oficio divino)". Para los monjes, la liturgia es lo primero. Todo lo demás va después. Y en lo fundamental, esta frase es válida para cada persona. Dios es importante, lo más importante en absoluto en nuestra vida.. Ésta es la prioridad que nos enseñan precisamente los pastores. Aprendamos de ellos a no dejarnos subyugar por todas las urgencias de la vida cotidiana. Queremos aprender de ellos la libertad interior de poner en segundo plano otras ocupaciones - por más importantes que sean - para encaminarnos hacia Dios, para dejar que entre en nuestra vida y en nuestro tiempo. El tiempo dedicado a Dios y, por Él, al prójimo, nunca es tiempo perdido. Es el tiempo en el que vivimos verdaderamente, en el que vivimos nuestro ser personas humanas.

Algunos comentaristas hacen notar que los pastores, las almas sencillas, han sido los primeros en ir a ver a Jesús en el pesebre y han podido encontrar al Redentor del mundo. Los sabios de Oriente, los representantes de quienes tienen renombre y alcurnia, llegaron mucho más tarde. Y los comentaristas añaden que esto es del todo obvio. En efecto, los pastores estaban allí al lado. No tenían más que "atravesar" (cf. Lc 2,15), como se atraviesa un corto trecho para ir donde un vecino. Por el contrario, los sabios vivían lejos. Debían recorrer un camino largo y difícil para llegar a Belén. Y necesitaban guía e indicaciones. Pues bien, también hoy hay almas sencillas y humildes que viven muy cerca del Señor. Por decirlo así, son sus vecinos, y pueden ir a encontrarlo fácilmente. Pero la mayor parte de nosotros, hombres modernos, vive lejos de Jesucristo, de Aquel que se ha hecho hombre, del Dios que ha venido entre nosotros. Vivimos en filosofías, en negocios y ocupaciones que nos llenan totalmente y desde las cuales el camino hasta el pesebre es muy largo. Dios debe impulsarnos continuamente y de muchos modos, y darnos una mano para que podamos salir del enredo de nuestros pensamientos y de nuestros compromisos, y así encontrar el camino hacia Él. Pero hay sendas para todos. El Señor va poniendo hitos adecuados a cada uno. Él nos llama a todos, para que también nosotros podamos decir: ¡Ea!, emprendamos la marcha, vayamos a Belén, hacia ese Dios que ha venido a nuestro encuentro. Sí, Dios se ha encaminado hacia nosotros. No podríamos llegar hasta Él sólo por nuestra cuenta. La senda supera nuestras fuerzas. Pero Dios se ha abajado. Viene a nuestro encuentro. Él ha hecho el tramo más largo del recorrido. Y ahora nos pide: Venid a ver cuánto os amo. Venid a ver que yo estoy aquí. Transeamus usque Bethleem, dice la Biblia latina. Vayamos allá. Superémonos a nosotros mismos. Hagámonos peregrinos hacia Dios de diversos modos, estando interiormente en camino hacia Él. Pero también a través de senderos muy concretos, en la Liturgia de la Iglesia, en el servicio al prójimo, en el que Cristo me espera.

Escuchemos directamente el Evangelio una vez más. Los pastores se dicen uno a otro el motivo por el que se ponen en camino: "Veamos qué ha pasado". El texto griego dice literalmente: "Veamos esta Palabra que ha ocurrido allí". Sí, ésta es la novedad de esta noche: se puede mirar la Palabra, pues ésta se ha hecho carne. Aquel Dios del que no se debe hacer imagen alguna, porque cualquier imagen sólo conseguiría reducirlo, e incluso falsearlo, este Dios se ha hecho, él mismo, visible en Aquel que es su verdadera imagen, como dice San Pablo (cf. 2 Co 4,4; Col 1,15). En la figura de Jesucristo, en todo su vivir y obrar, en su morir y resucitar, podemos ver la Palabra de Dios y, por lo tanto, el misterio del mismo Dios viviente. Dios es así. El Ángel había dicho a los pastores: "Aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2,12; cf. 16). La señal de Dios, la señal que ha dado a los pastores y a nosotros, no es un milagro clamoroso. La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en niño; se deja tocar y pide nuestro amor. Cuánto desearíamos, nosotros los hombres, un signo diferente, imponente, irrefutable del poder de Dios y su grandeza. Pero su señal nos invita a la fe y al amor, y por eso nos da esperanza: Dios es así. Él tiene el poder y es la Bondad. Nos invita a ser semejantes a Él. Sí, nos hacemos semejantes a Dios si nos dejamos marcar con esta señal; si aprendemos nosotros mismos la humildad y, de este modo, la verdadera grandeza; si renunciamos a la violencia y usamos sólo las armas de la verdad y del amor. Orígenes, siguiendo una expresión de Juan el Bautista, ha visto expresada en el símbolo de las piedras la esencia del paganismo: paganismo es falta de sensibilidad, significa un corazón de piedra, incapaz de amar y percibir el amor de Dios. Orígenes dice que los paganos, "faltos de sentimiento y de razón, se transforman en piedras y madera" (In Lc 22,9). Cristo, en cambio, quiere darnos un corazón de carne. Cuando le vemos a Él, al Dios que se ha hecho niño, se abre el corazón. En la Liturgia de la Noche Santa, Dios viene a nosotros como hombre, para que nosotros nos hagamos verdaderamente humanos. Escuchemos de nuevo a Orígenes: "En efecto, ¿para qué te serviría que Cristo haya venido hecho carne una vez, si Él no llega hasta tu alma? Oremos para venga a nosotros cotidianamente y podamos decir: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí (Ga 2,20)" (In Lc 22,3).

Sí, por esto queremos pedir en esta Noche Santa. Señor Jesucristo, tú que has nacido en Belén, ven con nosotros. Entra en mí, en mi alma. Transfórmame. Renuévame. Haz que yo y todos nosotros, de madera y piedra, nos convirtamos en personas vivas, en las que tu amor se hace presente y el mundo es transformado.

[Traducción distribuida por la Santa Sede




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PSU ó PAA? CAmino a una mayor igualdad social

Juan Eduardo García Huidobro

"Harald Beyer está en la pelea entre la PSU y la PAA, lo que es de corto alcance"

El ex presidente del Consejo Asesor Presidencial para la Educación considera que el problema de fondo no es que la prueba tenga un sesgo socioeconómico sino que el sistema de selección lo tiene. Asegura que la PSU no es mala, pero no puede ser el único termómetro, por lo que propone complementarla midiendo el conjunto de resultados obtenidos durante la enseñanza media. Una fórmula que tomaría en cuenta actividades extraprogramáticas, el puesto dentro de la realidad de cada establecimiento o las aptitudes sociales de cada alumno.

Luego de siete años desde que la Prueba de Selección Universitaria (PSU) debutó en reemplazo de la Prueba de Aptitud Académica (PAA), no ha logrado terminar con el sesgo socioeconómico.

Tampoco hay señales de que esto se logre en el largo plazo. Al menos si el sistema de selección continúa dependiendo de una sola evaluación. Para el decano del Departamento de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, Juan Eduardo García Huidobro, una alternativa viable de terminar con las diferencias es incorporar nuevas herramientas que complementen la cuestionada PSU, porque según él el problema de fondo no es que la prueba tenga un sesgo socioeconómico sino que el sistema de selección lo tiene y perjudica a los niños que se han empeñado y son pobres.

-La PSU ha recibido variadas críticas: desde su poca capacidad predictiva, hasta que no cumple el objetivo por el que cual reemplazó a la PAA, que es medir sólo conocimientos para que no se evidenciara la diferencia entre colegios públicos y particulares. ¿Cómo evalúa usted este instrumento?

-Mi crítica es más bien al sistema de selección que a la prueba en sí. A lo mejor es mejor o peor que la Prueba de Aptitud Académica, pero ambas son malas para lo que las usamos.

-¿Por qué?

-La base de la justicia de la selección de los alumnos es que realmente elija a los más capaces y esforzados y no sea sesgada por otras consideraciones.

Viendo los resultados de la PSU podemos decir que la educación municipal es peor que la pagada. Estamos de acuerdo. Pero los niños que fueron a esas escuelas no podían ir a otra.

Y entre esos niños hay muchos muy capaces: muchos son futuras Gabriela Mistral y Pablo Neruda,  y Chile no se los puede perder.

Entonces debemos ser capaces de recuperar a los mejores. Eso no significa que la PSU sea mala sino que no puede ser el único termómetro.

-¿Y qué alternativas para complementarla existen?

-Si soy el primero del curso en un liceo marginal y me saco 500 puntos en la PSU probablemente soy muy inteligente porque pese a las limitaciones logré 500 puntos, que es muy distinto al último de un colegio pagado, por lo tanto tengo que empezar a considerar no sólo el resultado de la PSU sino que el conjunto de resultados obtenidos durante la enseñanza media.

-¿Y eso no se logra con la ponderación de las notas?

-Son un chiste porque estoy comparando un 5,8 del Grange con un 5,8 de un colegio de La Pintana. No es comparable la nota de un colegio con la de uno de otra realidad.

A lo que hay que llegar es a ordenar al conjunto de alumnos del mismo colegio tomando en consideración las notas y dándoles puntaje a cada uno en función de sus compañeros y no de otros colegios.

-¿Pero esto no es complicado? ¿Cómo podría realizarse?

-Hay experiencia: en Chile tenemos beca de excelencia académica, que se otorga al 5 por ciento superior de cada curso de colegios municipales y particulares subvencionados. Hoy favorece de 9 a 10 mil alumnos.

Además, la USACH empezó hace tres años con un programa propedéutico, un convenio con colegios de situación de pobreza a los que les ofrece trabajar con el 5 por ciento de los mejores alumnos de cuarto medio y se les garantiza el ingreso a la casa de estudios. La Universidad Católica Silva Henríquez y nosotros -Universidad Alberto Hurtado- imitamos la iniciativa.

Hay que inventar alternativas que no reemplacen la PSU pero que la complementen con otros criterios, con haber sido presidente, mejor compañero, participación en actividades extracurriculares. Otras cosas que también den puntaje.

Para mi la pelea va en que el sistema no se puede basar en una sola prueba, debe ser más complejo y mirar más trayectoria y otros antecedentes.

-O sea tener una mirada más integral…

-Exacto. Este tipo de cosas no están asociadas de la misma manera que la PSU al nivel socioeconómico: en todos los colegios se eligen presidentes de curso, no sólo los establecimientos ricos tienen mejores alumnos. La idea es contar con otros mecanismos que hagan más compleja la selección y eviten la asociación perversa entre nivel académico y nivel socioeconómico, que impide que muchos chiquillos talentosos de medios más desfavorecidos puedan demostrar su talento.

-Algunos expertos incluso hablan de incluir ensayos y no sólo alternativas de selección…

-Si eso se hiciera parte de los requisitos para ingresar a la universidad, empezarían a enseñar a escribir en los colegios, cosa que nadie hace porque lo que saben hacer son palotes para contestar la prueba…

La eterna cantinela

-Todos los años se critica a la PSU, a la enorme brecha entre los colegios particulares y los públicos pero ¿qué acciones concretas deberían hacerse para que esto cambie?

-Es verdad que nos repetimos la misma cantinela. Pero también es verdad que esa cantinela es acompañada de cosas distintas. Por ejemplo hoy podemos mostrar las becas de excelencia académica, la experiencia de tres universidades que se atreven a buscar mecanismos de selección distintos.

Sabemos que la Universidad Católica está estudiando un sistema de ingreso que complemente a la PSU.

Incluso la reacción de los rectores en la prensa no la había visto antes. La conmoción por este año no ha sido por la brecha sino por el instrumento: porque el mecanismo de selección es miope, no ve lo que tiene que ver. Eso es nuevo y por ahí lo vería yo.

-El  coordinador Académico del Centro de Estudios Públicos (CEP), Harald Beyer señala que la PSU tiene los años contados…

-Harald está en la pelea entre la PSU y la PAA, lo que es de corto alcance. No sé si esta prueba es mejor o peor que la otra. Pero lo mismo que le criticamos a la PSU se lo criticábamos a la PAA, que es el fuerte sesgo según nivel socioeconómico.

Él está muy en términos de que la opción de salir de la PAA que entre comillas medía aptitudes e irse a una que mide conocimientos le ha hecho mal a los pobres. Creo que sí, pero la otra tampoco le hacía bien.
 

Atte.


P.MAURICIO ARANCIBIA PORTILLA
VICARIA DE EDUCACIÓN Párroco de Santa Cruz
 MIembro Oclacc
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